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Written by Roberto Villani   
Tuesday, 16 December 2008
IgnacioZaibert H. IgnacioZaibert H.


El sábado, seis de diciembre del año en curso, durante las primeras horas de la noche, recibí una llamada en mi teléfono celular, proveniente de la ciudad de Mérida, Estado Mérida.

Quien me llamaba era el dominocista del primer nivel, y "caro" amigo Luigi Napolitano, quien estaba en la ciudad andina, jugando en pareja con Patricia Rosciano, el último torneo del presente año, de la Federación Venezolana de Dominó. Torneo en el que Luigi y Patrizia tuvieron una destacada actuación, al ganar seis de los nueve partidos programados.

La razón principal de la llamada de Luigi, era para conocer mi opinión en el tratamiento de las "manos" de seis elementos iguales; habida cuenta que Armando De Sousa, quien también participaba en el torneo, había levantado seis fichas de un mismo "palo", y había perdido la "mano"; desencadenándose entre los presentes todo tipo de comentarios.

Pues bien, la opinión que expresé en ese momento, la reitero en la presente columna, más al detalle y más a fondo, a saber:

Armando había levantado las siguientes fichas: 2/0, 2/1, 2/3, 2/4, 2/5, 2/6 y 5/5.

Esto es, seis fichas del "palo" dos, y la séptima, el doble-cinco.

El salidor en la "mano" había sido el jugador sentado a la izquierda de Armando, quien usó como ficha de salida el cinco-blanco.

Acto seguido le correspondió el turno a Armando, quien ante el cinco-blanco de salida, tenía tres posibilidades de jugada:

A) Colocar el blanco-dos.

B) Colocar el doble-cinco.

C) Colocar el cinco-dos.

Veamos a continuación las ventajas y desventajas de cada una de estas posibilidades:

La colocación del blanco-dos. Esta jugada que, si bien se apoya en el Principio atinente a "Indicar lo que se tiene", no es recomendable ya que crea una debilidad absoluta en el "palo" blanco, esto es, se produce una "falla" de blanco. Y por si esto fuera poco, adicionalmente se desperdicia la oportunidad de cancelar el único "problema" que presenta la "mano", esto es, la colocación del doble-cinco. De modo que, resulta evidente que ésta jugada presenta más desventajas que ventajas.

La colocación del doble-cinco. Esta jugada es la más ortodoxa de las tres posibles. Cancela el "problema" que representa la presencia del doble-cinco. Mejora notablemente el conjunto de las fichas restantes, todas de un mismo "palo", sin ningún doble y sin ninguna "falla". Y deja la "mesa servida" para la ofensiva que se podrá desplegar en lo adelante. En el entendido de que, de producirse la oportunidad de "cuadrar" a dos en algún momento posterior, la victoria debería ser el resultado.

La colocación del cinco-dos. Esta jugada, de evidente carácter heterodoxo, permite, desde la primera jugada, el ataque contundente con el "palo" dos. Y si bien es cierto que queda pendiente la colocación del doble-cinco, la cual debe ocurrir más adelante en la "mano", ya que la salida con una ficha mixta: el cinco-blanco, hace válido inferir que el salidor debería tener entre sus siete fichas iniciales, entre tres y cuatro del "palo" cinco. Esta jugada es recomendable, con carácter absoluto, en los casos en que el "palo" del "violín" es superior al "palo" del doble que se deja de colocar. Y con carácter relativo, en los casos en que el "palo" del violín es inferior al "palo" del doble que se deja de colocar.

Adicionalmente, vale agregar que esta jugada tiene su fundamento en:

1.- El Principio atinente a "Indicar lo que se tiene".

2.- El Principio atinente a "Crear dificultades al contrario"

3.- El Criterio atinente al "Aprovechamiento de la fuerza".

Y más aún, en concordancia plena con la doctrina, recuérdese que si el conjunto de siete fichas de un jugador, presenta fuerza en determinado "palo", esa fuerza debe ser aprovechada, es decir, puesta en acción, en movimiento. La fuerza, por su parte, no es otra cosa que, la posesión de un número de fichas de determinado "palo", que constituyan mayoría. Y ésta, la mayoría, no es otra cosa que, la posesión de un mínimo de cuatro elementos de determinado "palo". Con esa cantidad de componentes, de fichas, se puede iniciar y mantener una presión, un ataque continuado, con grandes posibilidades de victoria.



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